¿Sigue dándose gustitos, aunque el dinero alcance menos?

¿Sigue dándose gustitos, aunque el dinero alcance menos?

 

¿Sigue dándose gustitos, aunque el dinero alcance menos?

Tannia Moya, Chief Communications Officer Unimer

En años anteriores, cuando se hablaba de bienestar económico, la conversación giraba alrededor de grandes metas: comprar una casa, cambiar de automóvil, viajar al extranjero o hacer una inversión importante; pero hoy en día para muchos consumidores la realidad es distinta.

Según un estudio reciente de Unimer, 96% de los ticos afirma que “aunque la economía apriete, se merecen gastar en “uno mismo”.

El aumento en el costo de vida y la incertidumbre económica obliga a muchas personas a replantear sus prioridades, pero si hay algo interesante que rescatar es que, aunque los presupuestos se achiquen y la economía aprieta hay ciertos “chineos” a los que no están dispuestos a renunciar, y a eso se le llama micro-recompensas o mejor conocidos en mercadeo como treatonomics.

En resumen, en lugar de grandes lujos aparecen los pequeños premios: ese cafecito de camino al trabajo que no puedo dejar de tomar; el heladito que me como cada vez que voy a un supermercado; la salidita del fin de semana;  la suscripción a alguna plataforma digital como forma de entretenimiento; en fin, aunque cotidiano, se transforma un momento especial pequeño, pero emocionalmente significativo.

No cambian la situación económica de una persona, pero sí pueden cambiar cómo se siente durante un momento del día.

Los consumidores saben que quizás no podrán alcanzar ciertas metas tan rápido como les gustaría, pero encuentran formas de generar pequeñas experiencias positivas en el día a día.

Esta realidad viene a cambiar en mucho lo que las marcas deben entender por valor, antes el factor precio era relevante, ahora sabemos que si bien es cierto buscamos ofertas y comparamos, también lo que “me haga sentir esa marca o producto es relevante”. El producto no solo cumple una función; también entrega una experiencia, una emoción o una sensación de recompensa.

Para los comercios el mensaje sería que debemos conocer qué es aquello que mueve a sus clientes, lo que los motiva a darse ese gustito sin importar el precio o el ajustado presupuesto y por supuesto conocer si tiene que ver con su industria o marca.

¿Por qué alguien sigue asistiendo al cine, o comiéndose esa marca de chocolate específica que subió de precio y que, aunque tenga que pagar un poquito más está dispuesto recortar en otros gastos?

Recordemos que, detrás de una compra hay una historia de hábitos y además de equilibrio, bienestar y satisfacción, ahí entramos así que de economía entramos al campo de lo emocional.

¿Cuál es aquel gustito, aquella palmadita en la espalda que nos damos a nosotros mismos y decimos “me lo merezco” o sea que es aquello que no estás dispuesto a dejar? Después de todo, las decisiones más valiosas rara vez se explican solo por el precio, sino cómo nos hacen sentir.